Incubandina S.A.
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Hoy cría un negocio avícola que factura en millones

Publicado por el 17 de marzo de 2011

Esta avícola cría y vende pollitas, comercializa huevos y elabora abono. Tiene 150 empleados y en el 2009 facturó cerca de USD 7 millones.

Javier Corrales, gerente, y Xavier Viera, veterinario, (arriba) ven la calidad de los huevos. Galo Chuquitarco (centro) alimenta a las aves. El personal prepara la distribución.

Entre Pujilí y Latacunga (Cotopaxi) está la firma avícola Incubandina. En una extensión de 68 hectáreas están construidos cinco galpones en los que se crían pollas reproductoras de huevos.

La empresa, nacida en 1992, tiene tres líneas de negocio. La primera es la crianza y venta de pollitas bebés de las líneas genéticas lohmann brown y ross 308; la segunda es la comercialización de huevos. Además, no como una fuerte línea de negocio, pero sí como un ingreso extra, vende abono natural. Con estas actividades, en el 2009 la empresa facturó USD 7 millones y hoy suma 150 empleados.

En medio de dos montañas de Cotopaxi está la empresa que nació con la inversión de nueve socios. De los antiguos fundadores solo queda uno, explica Javier Corrales, gerente general de la avícola.

Según las actas de la empresa, Incubandina nació con la figura jurídica de compañía limitada y tenía el objetivo de comercializar pollos con línea genética alemana y estadounidense. En 1992 arrancó con un capital de 3 millones de sucres (USD 2 000 en esa época); trabajaban 20 personas y tenía una producción de 3 500 pollas reproductoras cada 25 semanas. Sin embargo, la empresa quebró en 1995, por falta de liquidez.

La avícola estuvo por rematarse en el desaparecido Banco Popular, pero la familia Corrales la compró con un capital de 2 000 millones de sucres (cerca de USD 800 000 en 1995). El dinero salió de ahorros y préstamos bancarios.

La familia Corrales le apostó al negocio e invirtió USD 285 000 para montar una granja de 40 hectáreas en Montalvo, Los Ríos. La razón fue que la presión atmosférica del sector es óptima para la instalación de incubadoras. Además, puso a funcionar las oficinas en Ambato.

Desde entonces, la inversión ha sido constante. Hasta el momento se han inyectado USD 4 millones en maquinaria. Entre las nuevas adquisiciones está una planta automatizada brasileña que alimenta e hidrata a las aves y limpia las jaulas. Además, este mes colocó obligaciones (papeles comerciales) en la Bolsa de Valores de Quito por USD 2 millones. Los activos fijos de la empresa, hasta febrero, eran de USD 4 millones.

Incubandina importa 8 000 pollitas al mes y llegan a Ecuador con un día de nacidas. Las especies genéticas son lohmann brown y ross. Las aves son colocadas en incubadoras y cada año se obtiene una producción de 3 millones de pollas. Cabe recordar que la vida útil del ave, para producir huevos, es de 60 semanas.

El 70% de los huevos de las gallinas productoras de la avícola se vende en Tungurahua y Cotopaxi. El 30% restante se divide entre Azuay, Pichincha, Manabí, Santo Domingo de los Tsáchilas, Imbabura y Chimborazo.

“El negocio avícola es cíclico”, dice Corrales. Según el gerente, la sobreoferta de pollos que se da cada cinco años, según sus cálculos, hace que los precios caigan. En el negocio, añade, hay que tener cuidado especial con la bioseguridad.

Édison Solano comercializa huevos en Ambato y es cliente de Incubandina. Según él, los huevos de la avícola ambateña son cotizados en el mercado. Además, la firma es cumplida con los pedidos.

Hernán Velasteguí se dedica a la crianza de pollas y también es cliente de la firma. Según él, las pollas que compra son sanas, fuertes y cotizadas entre sus clientes.

La venta de pollas es la clave

Pollas. La comercialización de pollas bebés es el fuerte de la empresa. Representa el 70% de los ingresos.
Abono. El excremento de los animales se comercializa como abono para diferentes cultivos.
Granjas. Actualmente tiene tres granjas. En Montalvo (Los Ríos) está la matriz tecnológica.

El insignia

Las aves necesitan un cuidado especial.
Xavier Viera / administrador de granja

Soy el administrador de la granja en Pujilí. Trabajo desde hace dos años y mi labor es de ingresar todos los días a los galpones y cuidar de las aves cuando están en la primera semana de vida hasta que cumplen su ciclo de ponedoras.

Aquí hago lo que me gusta. Yo me gradué de veterinario, razón por la cual, este trabajo es mi pasión.

Las aves son parte de mi vida, son como niños, a tal punto que en las primeras semanas son más proclives a morir y ne-cesitan dedicación y atención.

La bioseguridad es importante en este negocio. Por eso, cuido de que los visitantes se bañen con agua y jabón antes de que estén en contacto con las aves. Las aves son muy sensibles y pueden contagiarse de cualquier enfermedad.

El ambiente de trabajo es excelente. Los jefes siempre están pendientes de nuestras solicitudes y nosotros devolvemos sus atenciones con trabajo y dedicación. Si la empresa crece, crecemos todos.

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Medio: Revista LÍDERES ONLINE
Fecha: 13 de Septiembre del 2010
Autor: Fernando Mendoza / Redacción Quito / LÍDERES
Link: http://bit.ly/dO9zgY

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Publicado en Noticias,Novedades